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Un detalle para llevar a una casa debería alegrar a quien lo recibe, no ponerle en un compromiso. Aun así, la mayoría acabamos plantados en la puerta con la enésima botella de vino, porque sobre la marcha no se nos ocurrió nada mejor. Y eso que existe un regalo más personal, que no excluye a nadie y que meses después sigue presente en la cocina: un Aceto Balsamico de verdad.
Llevo años regalando balsámico, a los anfitriones, por una mudanza, en Navidad, y la reacción es casi siempre la misma. Primero una ligera sorpresa, luego curiosidad, y unas semanas más tarde el mensaje de que la botella ya está abierta y acaba sobre todo, desde la ensalada hasta el helado de vainilla. Esto es lo que he aprendido sobre regalarlo.
Por qué un regalo sin alcohol suele ser la opción más acertada
El vino y los licores son regalos cómodos, pero no encajan ni mucho menos con todo el mundo. En casas donde hay un embarazo, en familias con niños pequeños, con personas que por convicción o por su fe no beben alcohol, con quienes hacen deporte, la botella acaba en el armario y allí se queda. Un buen balsámico no tiene ese problema. No lleva alcohol, está pensado para cualquiera que se siente a la mesa y, aun así, es un producto de placer con historia, no un apaño de última hora.
A eso se suma su utilidad. Una botella de vino se acaba en una noche. Un frasco de Aceto Balsamico Tradizionale acompaña a quien lo recibe durante meses, a menudo más de un año, y le recuerda con cada gota de quién venía.
Elegir el grado de envejecimiento según la ocasión
El error más frecuente al regalar es coger sin más el frasco más caro. Es mejor escoger el grado de envejecimiento según la persona a la que va dirigido.
A quien le gusta cocinar y lo hace a menudo le encantará un balsámico vivo, a partir de doce años, que se puede usar con generosidad sobre ensaladas, risotto y verduras a la brasa. Para los sibaritas que celebran las pequeñas cantidades, un Extra Vecchio denso, a partir de 25 años, es el regalo perfecto: bastan unas gotas sobre el Parmigiano o las fresas. Y para la gran ocasión, un aniversario redondo, una boda, hay añadas viejas en las que una sola cucharada celebra el momento.
Cómo reconocer la calidad de verdad
Un regalo debe cumplir lo que promete. Fíjate en la denominación Tradizionale y en el sello del Consorzio, que garantiza el origen protegido de Módena o Reggio Emilia. El auténtico Aceto Balsamico Tradizionale no es más que mosto de uva cocido y tiempo, sin caramelo de azúcar, sin espesantes, sin aromas. Quien encuentre en la lista de ingredientes algo más que mosto de uva tiene en la mano un producto industrial, no un regalo.
Regalar con gracia, aunque sea sin caja
No hace falta una caja aparatosa para causar impresión, más bien al contrario. Un lazo sencillo al cuello de la botella, una tarjeta escrita a mano con una sugerencia para servirlo y, quizá, un trozo de Parmigiano o un cuenco de fresas al lado, todo eso resulta más cuidado que cualquier envoltorio estándar. Quien lo lleve a una comida puede aderezar con el balsámico el aperitivo directamente en la mesa, y así el detalle se convierte en un pequeño momento.
Un regalo que funciona en cualquier sitio
Ya sea en Madrid, en Barcelona, en Valencia o en Sevilla, el dilema del detalle para llevar es el mismo en todas partes, y en todas la respuesta es la misma. Un buen frasco de Aceto Balsamico es más personal que una botella de vino, no excluye a nadie y se recuerda durante mucho tiempo. Quien la próxima vez no quiera volver a quedarse en blanco frente al estante de los vinos ya tiene una idea que siempre acierta.