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Cuando ya por la mañana la casa marca 28 grados, nadie enciende los fogones por gusto. Y, aun así, uno quiere comer algo que sepa a verano y no a apaño. Mi receta justo para esos días tiene tres ingredientes en su núcleo y no necesita calor: burrata, tomate maduro y un buen Aceto Balsamico. Suena sencillo. Ese es precisamente el quid, y es justo ahí donde la mayoría se equivoca.

He preparado este plato en muchos veranos y he comprobado que no falla por los ingredientes complicados, sino por pequeños detalles que nadie menciona. Esto es lo que de verdad importa.

Por qué en pleno verano lo frío es lo más inteligente

En los días de calor, la comida pesada y caliente es una carga, para la digestión y para el ánimo. Un entrante frío y ligero, que se hace sin cocinar, mantiene la cocina fresca y el cuerpo despierto. La burrata con tomate es el clásico para ello, porque sacia sin recargar y está lista en diez minutos.

Tratar bien la burrata

El error más frecuente es poner la burrata helada, directa de la nevera, en el plato. Fría no sabe casi a nada. Sácala 20 o 30 minutos antes para que llegue a temperatura ambiente. Solo entonces el corazón cremoso se ablanda y el aroma sale a relucir. Y otra cosa: la burrata no se corta, se abre con las manos en la mesa para que el relleno se derrame.

Los tomates marcan la diferencia

Los tomates de invierno, aguados, arruinan el plato. Usa tomates de verano maduros y aromáticos, mejor del mercado, y déjalos también a temperatura ambiente, nunca en la nevera. Un truco de profesional importante: sala las rodajas de tomate unos minutos antes de emplatar y déjalas reposar un momento. La sal extrae el jugo y concentra el sabor.

El Aceto Balsamico es el truco, no la decoración

Aquí se decide si el plato resulta corriente o especial. No uses un vinagre fuerte y barato, sino un Aceto Balsamico Tradizionale envejecido y casi como un jarabe. Su dulzor y su densidad envuelven la acidez del tomate y la suave cremosidad de la burrata. Lo importante es la cantidad: una o dos cucharaditas, gota a gota, sin ahogarlo. El balsámico debe poner acentos, no tapar todo lo demás.

Sal, pimienta y albahaca al final

Sal marina en escamas justo antes de servir sobre la burrata, y luego pimienta negra recién molida. Unas hojas de albahaca, un hilo de buen aceite de oliva, y listo. Acompaña bien con pan rústico tostado, y una noche calurosa en la terraza no necesita más.

La receta de un vistazo

Para 2 raciones: 1 bola de burrata (unos 125 g), 2 tomates maduros, 1 o 2 cucharaditas de Aceto Balsamico Tradizionale di Modena, sal marina en escamas, pimienta negra recién molida, unas hojas de albahaca, un poco de aceite de oliva virgen extra.

  1. Sacar la burrata de la nevera 20 o 30 minutos antes de servir.
  2. Cortar los tomates en rodajas, salarlos ligeramente y dejarlos reposar un momento.
  3. Disponer los tomates en un plato, colocar la burrata en el centro y abrirla con las manos.
  4. Rociar con Aceto Balsamico y sazonar con sal marina y pimienta recién molida.
  5. Añadir la albahaca y un poco de aceite de oliva por encima, y servir de inmediato.