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Hay días de verano en los que solo pensar en encender los fogones resulta insoportable. Apetece comer algo que refresque, que sepa a verano y que esté listo en un cuarto de hora. Mi tabla de salvación para esos días es una ensalada con tres protagonistas: sandía, queso feta y unas gotas de Aceto Balsamico. Suena casi demasiado sencillo para ser especial. Y justo ahí está el truco, y justo ahí es donde la mayoría falla.

Llevo muchos veranos preparando esta ensalada, tanto para una cena rápida en la terraza como para llevar a una barbacoa entre amigos. Los errores típicos los reconozco ya a la primera. Esto es lo que de verdad importa.

Por qué lo dulce y lo salado funcionan tan bien juntos

El encanto de esta ensalada es el contraste: la dulzura fresca de la sandía se encuentra con el queso feta salado y cremoso. Para que el resultado no sepa a poca cosa, hace falta un tercer elemento que una ambos sabores, y ese es el Aceto Balsamico. Su acidez y su dulzor oscuro tienden un puente entre la fruta y el queso, y convierten dos ingredientes en un conjunto redondo.

El primer error: la sandía aguada

Una sandía que sale directa de la nevera y se corta al momento suelta mucho jugo y termina aguando la ensalada. Corta la sandía en dados de bocado, retira las pepitas y deja que los dados escurran unos minutos sobre papel de cocina. Así se conserva la textura y el plato no acaba nadando en líquido.

El segundo error: el feta demasiado frío

El queso feta helado sabe a muy poco. Sácalo de la nevera un rato antes de servir para que su aroma se exprese. Cortarlo en dados o desmenuzarlo a mano en trozos gruesos es cuestión de gustos, ambas opciones funcionan. Eso sí: usa feta auténtico de leche de oveja o de oveja y cabra, no un queso suave de leche de vaca que se perdería por completo en la ensalada.

El tercer error: demasiado balsámico

Aquí el Aceto Balsamico es un acento, no el protagonista. Un Aceto Balsamico Tradizionale envejecido y con textura de jarabe, o una crema de balsámico, es lo que mejor encaja, porque su densidad se posa sobre la sandía en lugar de escurrirse. Una cucharada, repartida gota a gota, es suficiente. Quien la ahoga en vinagre tapa la fruta y echa a perder el juego entre lo dulce y lo salado.

Frescor al final: menta, aceite y pimienta

Unas hojas de menta fresca aportan ese toque que hace la ensalada veraniega (la albahaca funciona igual de bien). Añade un hilo de buen aceite de oliva virgen extra y pimienta negra recién molida. De sal apenas hace falta, el feta ya la lleva; una pizca pequeña solo después de probar. Sirve enseguida para que nada repose de más.

Cuándo luce de verdad

Ya sea como entrante ligero en una noche calurosa en la terraza, como guarnición para la barbacoa o como aportación que seguro nadie ha llevado tres veces ya: esta ensalada está lista en quince minutos y, con el rosa de la sandía y el blanco del feta, da la impresión de mucho más trabajo del que en realidad cuesta.

La receta de un vistazo

Para 4 raciones: 600 g de sandía (sin pepitas, en dados), 200 g de queso feta, 1 cucharada de Aceto Balsamico Tradizionale di Modena (o crema de balsámico), unas hojas de menta fresca, 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra, pimienta negra recién molida y, de forma opcional, una pizca de sal marina.

  1. Retira las pepitas de la sandía, córtala en dados de bocado y déjala escurrir un momento.
  2. Corta el queso feta en dados o desmenúzalo en trozos gruesos.
  3. Distribuye la sandía y el feta de forma suelta sobre un plato.
  4. Riega con el Aceto Balsamico y el aceite de oliva.
  5. Espolvorea con menta fresca y pimienta, sala ligeramente si hace falta y sirve enseguida.